viernes, 19 de diciembre de 2014

Beneficios del uso de la Terapia Acuática en pacientes afectados de Esclerosis Múltiple

 
Web de la Fundacion Esclerosis múltiple Eugenia Epalza

La actividad física aporta beneficios tanto físicos como emocionales a la persona que la práctica, y existe una gran evidencia científica que lo avala, por lo que es extremadamente importante intentar realizar ejercicio, siempre dentro de las posibilidades de cada uno. Sin embargo, existen muchas razones por las que un gran número de personas con Esclerosis Múltiple son menos activas que la media de la población sana.

El agua es un medio que dispone de unas propiedades que ayudan a que la actividad sea más fácil, ya que nos provee de una mayor libertad de movimiento y seguridad, además de ser un medio que solemos relacionar con pasar un buen rato. Por lo que la piscina, es un buen lugar donde poder realizar actividad física, sobretodo para las personas que refieren alguna limitación física o fatiga que no les permita realizar ejercicio durante un tiempo prolongado fuera del agua.

El medio acuático resulta muy interesante desde un punto de vista rehabilitador, ya que sus propiedades pueden ser utilizadas para trabajar objetivos específicos dentro del tratamiento de pacientes con diferentes tipos de lesiones o patologías. Por ejemplo, puede ser utilizado para adelantar el apoyo sobre una rodilla que ha sido operada, trabajar en bipedestación con pacientes con los que resulta difícil mantener esa posición fuera del agua o adelantar el trabajo de la marcha en un paciente con afectación neurológica durante el periodo de rehabilitación. Desde el ámbito de la fisioterapia en neurología, resulta muy interesante el trabajar en el agua, ya que podemos utilizar sus propiedades para estimular la movilidad de los pacientes en un medio en el que no existe riesgo de caída.

Propiedades del medio acuático:

El entorno del agua nos da inestabilidad, por lo que el paciente debe estar alerta durante todo el tiempo que dure su inmersión, para poder evitar la perdida de equilibrio. De esta forma estimulamos continuamente la actividad reactiva del cuerpo, buscando mejorar el equilibrio y disminuir el riesgo de caída.

El agua nos da una mayor libertad de movimiento, incluso en usuarios muy afectados; el paciente es más dinámico dentro del agua y con un menor esfuerzo es capaz de activar la musculatura, realizando un movimiento que fuera resultaría mucho más costoso.

El apoyo que ofrece este medio consigue que aumente la distancia entre el terapeuta y el paciente, por lo que es posible realizar un trabajo en el que el paciente además de ser más activo, sea más independiente; resulta muy interesante que un paciente que fuera del agua solo puede caminar con 1 muleta, sea capaz de caminar sin apoyo y disponga de ambas manos para realizar alguna otra actividad, o que un paciente usuario de silla de ruedas, sea capaz de desplazarse por sus propios medios, por ejemplo, nadando. El hecho de ser capaz de nadar, cambiar de dirección, incorporarse o voltearse (ser capaz de volver a colocarse boca arriba si accidentalmente se queda con la cabeza sumergida), consiguen que el paciente se sienta con una mayor libertad.  Dentro del trabajo en el agua, es importante enseñar al paciente a realizar los ejercicios con la mínima ayuda, siempre respetando las características de cada uno de ellos, para incentivar esa sensación de independencia.

Lo que resulta también muy interesante es la seguridad que nos da el que no exista riesgo de caída ni el posible daño que nos pueda generar. Resulta muy interesante trabajar la estabilidad en el agua, ya que el paciente dispone de más tiempo para reaccionar ante un desequilibrio, por lo que conseguimos que el paciente active su cuerpo.

La motivación también es un punto fuerte de la terapia en el agua, al realizar la actividad en un entorno que no está relacionado con la patología, si no que es un lugar donde la gente va a hacer ejercicio. En diferentes estudios se ha relacionado la actividad física sobretodo en grupo, con el bienestar psicológico. Un trabajo en grupo podría funcionar como un soporte social al paciente, que al divertirse, demuestra una mayor adherencia al tratamiento.

Resultados del uso de la Terapia Acuática en EM:

De cara a los resultados de esta terapia en la población con Esclerosis Múltiple se han observado resultados positivos en el mantenimiento de la fuerza muscular, resistencia, función respiratoria, percepción del dolor, amplitud de movimiento, calidad de vida, fatiga, niveles de depresión y/o ansiedad tras diferentes programas de terapia acuática. Dicha evidencia resulta muy interesante, sin embargo está basada en pocos estudios, con una muestra de pacientes pequeña y sin grupo control.

 De todas maneras es importante apuntar que ninguno de ellos mostró efecto negativo alguno en esta población.


Contraindicaciones de la Terapia Acuática:

Aunque esta terapia resulta adecuada para la gran mayoría de la población, existen también supuestos en los que la actividad en agua estaría contraindicada. Pacientes con heridas abiertas, ulceras, traqueotomía, infecciones tanto del tracto urinario como de cualquier otro tipo, fiebre, pacientes con epilepsia o problemas de incontinencia urinaria y fecal.

Esta última contraindicación, en muchos casos puede resultar relativa, ya que existen medios de control, que hacen posible que estos pacientes disfruten del trabajo en el agua. Existen pañales especiales para adultos que son aptos para ser introducidos en la piscina, y que se colocan debajo del bañador, colectores que se conectan a bolsas de recolección de orina más pequeñas que las estándar, que se colocan a la altura del muslo, u obturadores, que evitan episodios de incontinencia fecal durante la inmersión. Para controlar las ganas de orinar durante la sesión, también es importante tener la rutina de ir al baño justo antes de meterse en el agua.

Cómo trabajar en el agua con pacientes con EM

Los objetivos a trabajar en pacientes con EM son muy diversos: relajar y fortalecer la musculatura, estimular las reacciones que nos ayudan a mantener el equilibrio, trabajar la marcha o mejorar la capacidad aeróbica de los pacientes, es decir, conseguir que tarden más tiempo en fatigarse al realizar una actividad física, entre otros. En pacientes que refieren fatiga a causa de la EM podría estar indicado este tipo de trabajo, ya que en el agua nos cuesta menos movernos, y es posible realizar más ejercicios sin llegar a fatigarnos tanto como lo haríamos fuera.

Las posibilidades son innumerables en el agua, haciendo posible el adaptar la terapia a cada paciente.

 En un principio deberíamos decidir si lo más indicado es el trabajo individual o grupal, lo cual dependería de las características físicas y cognitivas del paciente, además de los recursos de los que dispongamos en el programa (número de terapeutas, accesibilidad, características de la piscina); los grupos suelen estar más indicados para pacientes que son independientes en el agua, o que solo necesitan una mínima ayuda durante la ejecución de las actividades, sin embargo, si se dispone de varios terapeutas, se podrían realizar grupos de pacientes más afectados, beneficiándose así de los aspectos psicosociales. Los grupos han de ser poco numerosos, con el objetivo de controlar la correcta ejecución de las actividades.

Nos decantaríamos por un trabajo individualizado, si las características físicas o cognitivas del paciente requiriesen un trabajo más supervisado: mayor afectación funcional, fatiga muy discapacitante, dificultad para seguir las ordenes, etc. Este tipo de terapia nos permite trabajar sobre objetivos muy específicos tras la evaluación funcional pertinente.

Existen varias técnicas de terapia acuática en las que basar nuestro trabajo, tales como Halliwick, Bad Ragaz Ring Method (Método de los anillos de Bad Ragaz; BRRM), AiChi o Aqua-T-Relax.
Halliwick: Un concepto que comenzó como una manera de enseñar a nadar a personas con discapacidad, incentivando la independencia en el agua. El trabajo con este método de basa en el programa de los 10 puntos, cuya parte más importante es el control rotacional; está es la base de la Terapia Específica en el agua (WST), cuyo trabajo se centra en el control postural.

BRRM: Basado en los principios de la Facilitación Neuromuscular Propioceptiva (FNP; fisioterapia), se trata de una técnica activa en la que el terapeuta ofrece resistencia manual al movimiento del paciente para activar los receptores de los músculos y los tendones, generando una respuesta a nivel de vías motoras, mientras este se encuentra flotando utilizando materiales auxiliares. Se facilita el movimiento para conseguir activar los músculos débiles. Los objetivos de está técnica son el fortalecimiento muscular y la estabilización de la articulaciones.

AiChi: Se suele describir como una forma simple de TáiChi en el agua, y se trata de una técnica activa en la cual se han visto algunas mejoras en el equilibrio, por lo que parece que pudiera funcionar como trabajo de prevención de caídas.

Existen variaciones en la dinámica de las sesiones de terapia acuática a tener en cuenta, frente a pacientes con EM. Por ejemplo, debemos acortar el tiempo de la sesión, ya que resulta mas eficaz una terapia más corta aunque muy activa, de 30 a 45 minutos por ejemplo, que una sesión larga que acabe fatigando al paciente, que además luego tiene que ducharse, cambiarse de ropa y volver a su casa.

Otra de las cosas que debemos adaptar es la temperatura del agua, que normalmente suele ser elevada en terapia acuática, oscilando entre los 32 y 36ºC, sobretodo en pacientes con alguna afectación neurológica, ya que, aunque sea una terapia activa, no se genera suficiente calor y el paciente comienza a sentir frío. El calor también ayuda a que disminuya la espasticidad, síntoma común en esta población, sin embargo, en EM el baño prolongado en agua muy caliente esta contraindicado, por lo que la temperatura ideal, basándonos en varios estudios, sería entre los 28 y los 32ºC. Puede que el paciente llegue a sentir frío durante la inmersión a esta temperatura, por lo que es aconsejable utilizar prendas de neopreno, que nos ayuden a mantener el calor del cuerpo.

EmHealth y Terapia Acuática:

Aunque el realizar actividad en el agua con supervisión de un terapeuta especializado es importante, desde nuestro centro hemos querido acercar los ejercicios a todos los usuarios interesados que prefieran ir a la piscina por su cuenta, a través de la plataforma de EmHealth. En ella estamos introduciendo muchos de los ejercicios que realizamos en los grupos, con videos, fotos y descripciones. En cada caso, y tras la evaluación especifica de fisioterapia, elegiríamos los ejercicios más adecuados para cada uno.

Por todo lo que hemos leído hasta ahora, podemos constatar que la actividad en al agua resulta una manera divertida y versátil de realizar ejercicio, que se puede adaptar a cualquier perfil de usuario o a cualquier objetivo especifico que se quiera trabajar desde el ámbito de la neurorehabilitación.

Estudio sobre la influencia de la TA en pacientes con EM

Desde el Centro de Rehabilitación Eugenia Epalza, propusimos un estudio en el que pretendíamos evaluar la influencia de un programa grupal de terapia acuática en el equilibrio y la capacidad de marcha (metros que son capaces de caminar) en pacientes con EM. Los 11 pacientes, que formaban parte ya de nuestros grupos de piscina, acudieron al polideportivo de Atxuri 2 veces a la semana durante 2 meses. Los pacientes eran independientes, es decir, no necesitaban ningún tipo de ayuda ni en el desplazamiento a la piscina ni en el cambio de ropa, pero tanto la marcha como el equilibrio se encontraban afectados en todos ellos. Los dividimos en 2 grupos, para que así fuese más fácil controlar que la ejecución de los ejercicios fuese la correcta.

Cada sesión duraba 45 minutos y constaba de: un calentamiento de 5 minutos en el que realizábamos unos ejercicios respiratorios y estiramientos, actividades durante 35 minutos y una vuelta a la calma de 5 minutos en los que los pacientes volvían a realizar algunos estiramientos y ejercicios de flotación.

Durante los 35 minutos de actividades, trabajamos la movilidad de las 4 extremidades utilizando material de flotación para asistir o resistir el movimiento, equilibrio en calma (mantener el equilibrio, en contra de turbulencias tanto externas, como las creadas por el propio paciente) trabajo de control de tronco (realizar movimientos que se generan casi en su totalidad con la musculatura del tronco realizando rotaciones alrededor de los diferentes ejes del cuerpo, o mantener el equilibrio forzando las reacciones de equilibrio del propio tronco), equilibrio dinámico (evitar la inestabilidad durante la marcha), reeducación de la marcha, coordinación entre  extremidades superiores y inferiores, además de utilizar el nado como trabajo aeróbico.

Tras los dos meses de trabajo, conseguimos unos resultado estadísticamente significativos en el equilibrio dinámico y en la capacidad de marcha de los pacientes del grupo de estudio, mientras que los pacientes del grupo control (11 pacientes con las mismas características del grupo de estudio) tuvieron unos resultados prácticamente iguales. Sin embargo, no encontramos mejora en los cuestionarios que rellenaron los pacientes, los cuales describían la percepción que  tenían sobre su equilibrio y marcha; tal vez dos meses no fueran suficientes para influir en estos parámetros. De todas maneras, los resultados conseguidos, avalan el uso de la terapia acuática para mejorar el equilibrio dinámico y la capacidad de marcha en pacientes con EM. Este estudio fue presentado en Bergen (Noruega), durante la última reunión del SIG Mobility (grupo de interés especial en movilidad), dentro del marco del RIMS (Rehabilitation in Multiple Sclerosis; red europea para la mejor práctica e investigación en rehabilitación en Esclerosis Múltiple).

http://www.emfundazioa.org/beneficios-del-uso-de-la-terapia-acuatica-en-pacientes-afectados-de-esclerosis-multiple/

 

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