jueves, 23 de octubre de 2014

Esclerosis múltiple y dieta

 
 22/10/2014 - FRANCISCO TEIXIDÓ GÓMEZ
Doctor en Ciencias Biológicas                           Blog NEUROCIENCIA

La esclerosis múltiple es la segunda causa más importante de discapacidad en los adultos jóvenes. Es una enfermedad autoinmune, supone la pérdida de la mielina del sistema nervioso central y se produce con mayor frecuencia en personas con edades comprendidas entre los 20 y 40 años de edad.
Las causas genéticas y ambientales son muy importantes en esta patología. Entre estas últimas se suele citar el tabaco, disminución de la vitamina D, infecciones víricas e incluso micológicas, etc. y, probablemente, la dieta podría tener mucho que ver en la génesis de esta enfermedad. 

Algunos estudios han demostrado  que los enfermos con esclerosis múltiple comían menos pan, cereales, pescado y algunas verduras y frutas que las personas sanas. Sin embargo no era infrecuente el consumo de productos de origen animal, leche entera y dulces. 
 
Sin embargo, los estudios realizados en los últimos cincuenta años no son más que un indicio de la verdad.
 
a.-consumo de grasas
 
En la década de 1950, Swank relacionó esta enfermedad con el consumo de grasas animales. Después de un estudio experimental realizado durante más de 30 años a 150 enfermos de esclerosis múltiple se vio que un consumo diario de grasa bajo terminó con alrededor del 30% de fallecimientos y un deterioro leve de los pacientes por causa de la enfermedad. Con una  ingesta diaria media-alta falleció el 80% de los pacientes y un porcentaje elevado presentaba una discapacidad grave. Finalmente, los enfermos que siguieron las recomendaciones de una dieta baja en grasa sobrevivieron en un 95% los 34 años en los que se realizó el estudio, mientras que el 80% que no siguió las recomendaciones de esa dieta falleció antes de que se publicaran (1991) los trabajos de la investigación.
 
b.-tipo de grasa
 
Además, otros estudios relacionados con las grasas  parecen indicar que las grasas animales (saturadas) están directamente relacionadas en la génesis de la enfermedad y hay evidencias que estiman que un alto consumo de grasas saturadas aumenta la incidencia de la enfermedad y que, por el contrario, los ácidos grasos insaturados pueden tener efectos positivos en el desarrollo de la patología. También hay ensayos clínicos que sugieren el beneficio de un ácido graso poliinsaturado como el ácido linoleico.
 
c.-antioxidantes
 
En muchas verduras, frutas, té, etc. hay polifenoles que tienen una importante función antioxidante. Parece que estas sustancias tienen un efecto protector de las neuronas frente a las sustancias neurotóxicas, además de disminuir la inflamación neuronal. En efecto, la formación de especies reactivas de oxígeno (ROS) por los macrófagos y las células de microglía es mayor de lo normal en los modelos experimentales animales que se usan para estudiar la esclerosis múltiple, lo que explicaría bastante bien la importancia de los agentes antioxidantes. Sin embargo, los estudios realizados en personas no son concluyentes a este respecto.
 
d.-calorías de la dieta
 
Otros investigadores han publicado que la disminución de la ingesta calórica podría mejorar los signos de la enfermedad basándose en un estudio experimental realizado en roedores sometidos a una dieta hipocalórica. La investigación concluía que la desmielinización, inflamación y  daño neuronal fue menos importante en los ratones que consumían menos calorías que en los que tenían una ingesta calórica normal. En esos animales, la dieta baja en calorías provocaba un incremento de la concentración plasmática de un glucocorticoide (la corticosterona), lo que implicaba la disminución de los efectos inflamatorios
 
e.-Vitaminas
 
La vitamina A tiene una función importante en el sistema inmune ya que interviene en el funcionamiento de diferentes estirpes de leucocitos. Esta vitamina reducía la actividad de los linfocitos T e incrementaba la concentración de proteína C reactiva, una proteína hepática que aumenta en los procesos inflamatorios.
 
Por su parte, la carencia de vitamina B12 puede producir un cuadro clínico similar al de la esclerosis múltiple, ya que esta sustancia interviene en la producción de mielina. Sin embargo, en general, no se han detectado diferencias importantes en las concentraciones de dicha vitamina en personas con esta patología y en sanas. 
 
Finalmente, las concentraciones de vitamina D son más bajas en los pacientes con esclerosis múltiple que en las personas sanas. Así, diferentes estudios han llegado a afirmar que el incremento en esta vitamina disminuía muy significativamente el porcentaje de brotes de esta enfermedad. En cualquier caso, parece que hay una correlación entre la osteoporosis y la esclerosis múltiple, lo que implicaría la necesidad de incrementar el consumo de vitamina D y calcio en las personas con esta patología.
 
Por todo lo dicho, parece evidente que todos estos estudios, que en general no son no concluyentes en ningún caso, no son más que un punto de arranque de futuras investigaciones.

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