domingo, 25 de octubre de 2015

"La microbiota intestinal es un factor de riesgo de la esclerosis múltiple"

Xavier Montalban es uno de los mayores expertos europeos en esta enfermedad neurodegenerativa crónica que afecta sobre todo a mujeres jóvenes | El tabaco, la falta de exposición solar y una dieta rica en sal y grasas son factores de riesgo de esta patologia

 | 13/10/2015  Cristina Sáez  LA VANGUARDIA

La esclerosis múltiple es una enfermedad crónica neurodegenerativa que afecta a unos 2,3 millones de personas en todo el mundo; la mayoría son mujeres jóvenes de entre 20 y 40 años. En España cada año se diagnostican unos 1800 nuevos casos. Junto con la epilepsia, ésta es una de la patologías neurológicas mas frecuentes y la causa más importante de discapacidad en este grupo de edad tras los accidentes de tráfico

Se sabe que es una enfermedad autoinmune, como el síndrome de Crohn, el lupus, o la artritis reumatoide. El sistema inmunitario se “equivoca” y, en lugar de virus y bacterias, comienza a atacar la mielina, el tejido que recubre los nervios y que les permite transmitir impulsos de forma rápida. Cuando los linfocitos B, un tipo de células de defensa, atacan la mielina, ésta se inflama y los nervios comienzan a no poder enviar impulsos eléctricos.

Xavier Montalban es uno de los principales expertos en esta enfermedad. Es el jefe del Servicio de Neuroinmunología del Hospital Vall d’Hebron y dirige el Centre d'Esclerosi Múltiple de Catalunya (Cemcat). Ha presidido el congreso celebrado en Barcelona recientemente del Comité Europeo para el Tratamiento e Investigación de esta enfermedad (ECTRIMS),  el más importante dedicado a esta patología, en el que se han presentado algunos descubrimientos recientes, como el papel de la microbiota en el desarrollo de la enfermedad y un nuevo fármaco para la esclerosis múltiple primaria progresiva.

¿Qué causa esta enfermedad?

No lo sabemos con exactitud. El detonante tiene en parte un componente genético y ya hemos identificado unos 200 genes que participan en la predisposición a sufrir esta enfermedad. Pero la genética no es suficiente. Si tú tienes esclerosis múltiple, tu hermano gemelo idéntico tiene un 30% de probabilidad de también tenerla. Por tanto, los factores ambientales influyen y mucho.

¿Cuáles son esos factores ambientales?

Para empezar, los virus. El de Epstein-Barr sabemos que está muy involucrado en los mecanismos que producen la enfermedad. Luego hay otros factores que pueden servir para hacer profilaxis o prevención. Por ejemplo, los niveles bajos de vitamina D sabemos que aumentan la susceptibilidad de la enfermedad, y también la empeoran. El tabaquismo, las dietas ricas en sal alteran al sistema inmunológico y empeoran la enfermedad. También la microbiota intestinal.

¿Las bacterias que tenemos en el intestino están relacionadas con la esclerosis múltiple?

Esos dos kilos de microorganismos que albergamos tienen un papel clave a la hora de entrenar al sistema inmunológico, de enseñarlo a diferenciar qué supone una amenaza externa. Alteraciones en estas bacterias pueden hacer que nuestras defensas no estén bien entrenadas. Y ya hay incluso diversos estudios que demuestran que modificar de una determinada manera la composición de la microbiota intestinal puede ser un elemento positivo para impedir la progresión de la enfermedad.  El último factor que influye en el desarrollo de la enfermedad es el sobrepeso en personas jóvenes; favorece la susceptibilidad de desarrollarla.

La mayoría de esos factores están también detrás de otras enfermedades autoinmunes, como el síndrome de Crohn.

Es cierto, muchos de estos factores sólo indican una predisposición a sufrir una enfermedad autoinmune. Ahora bien, si acabas desarrollando un Crohn, un problema de tiroides o una esclerosis múltiple, ahí sí que ya seguramente entran en juego los genes. Tampoco son enfermedades tan distintas entre ellas y sabemos que hay pacientes que tienen varias patologías inmunológicas a la vez.

¿Por qué afecta sobre todo a mujeres?

Especulamos que se trata por un factor hormonal. Las hormonas tienen un papel clave en el sistema inmunológico y sabemos que intervienen en la génesis de la enfermedad. Durante el embarazo, las mujeres con esclerosis múltiple, por ejemplo, parecen estar protegidas de sufrir brotes mientras que en el puerperio [el período posterior al parto], cuando cambia el perfil hormonal, tienen más riesgo de tener uno. También hemos visto que las mujeres con esta enfermedad, si se someten a tratamientos de fertilidad, de fecundación in vitro, estos pueden favorecer la presencia de ataques.

Según la Federación Internacional de Esclerosis Múltiple (MSIF), hay 2,3 millones de personas con esta enfermedad en el mundo y la cifra va en aumento. ¿A qué se debe?

Hay que tener en cuenta dos factores. Por un lado, la prevalencia, que es el número de enfermos por cada 100.000 habitantes. Depende muchos factores, entre ellos, que cada vez se muere menos gente debido a esta enfermedad, lo que hace que cada vez haya más personas enfermas. Por otro lado está la incidencia, que se refiere al número de nuevos casos por cada 100.000 habitantes. Y esta cifra está de forma clara en aumento, incluso se está duplicando y en todo el planeta, además. Las mujeres fuman más, nos pasamos más tiempo dentro de las oficinas sin tomar el sol, tenemos dietas cada vez menos equilibradas y muy ricas en sal. Cada vez tenemos más higiene, que nos evita las infecciones pero que a cambio aumenta las enfermedades inmunológicas que sufrimos. Es muy difícil de identificar cuál de estos factores es más importante.

¿Disponemos de fármacos efectivos contra la enfermedad?

En este momento, para la forma más prevalente de esclerosis múltiple, en forma de brotes, que supone el 85% de los casos y que afecta a cuatro mujeres por cada hombre de entre 25 y 30 años, contamos con 10 medicamentos que han demostrado su eficacia. Con ellos, estamos logrando modificar de forma positiva la historia natural de la enfermedad. Por el contrario, para la esclerosis múltiple primaria, que afecta a entre un 10 y un 15% de los enfermos, que suelen tener alrededor de 40 años y tanto hombres como mujeres tienen la misma probabilidad,  estamos más huérfanos de tratamiento. Este tipo de esclerosis múltiple  no se basa en empeoramientos repentinos, sino en un aumento progresivo de la enfermedad. Las personas, por ejemplo, notan que antes tras correr una cantidad X de kilómetros notaban que la pierna les fallaba un poco, poco a poco tienen que dejar de correr y optar por caminar, y al final tienen que ir con muletas. Todos los medicamentos que hemos desarrollado hasta el momento para esta forma de enfermedad han fracasado.

Una farmacéutica anunció recientemente que había logrado desarrollar un anticuerpo monoclonal que demostraba ser eficaz contra la esclerosis múltiple primaria progresiva.

Se trata del ocrelizumab y lo han presentado durante el congreso europeo sobre esta enfermedad que acabamos de celebrar. Ataca a los linfocitos B, que tienen un papel clave en el mecanismo de producción de la enfermedad. Al atacarlos, se evita que el sistema inmunológico destruya la mielina. Parece que mejora no sólo los brotes sino también esta forma progresiva de la enfermedad.

¿Existen biomarcadores que permitan predecir el riesgo de padecer la enfermedad?

De momento, tenemos biomarcadores que nos permiten identificar a aquellas personas que ya han tenido un primer brote que parece ser de esclerosis múltiple pero que aún no cumplen todos los criterios como para diagnosticarlas con esta enfermedad. Los biomarcadores nos permiten identificar el riesgo de esa persona, si es alto o bajo, de acabar desarrollándola. También tenemos factores pronóstico para estas personas que están en fases muy tempranas de la enfermedad. Y ahora empezamos a disponer de marcadores de seguridad, que nos permiten mejorar el tratamiento. Ahora desde el Centre d’Esclerosi Múltiple de Catalunya (Cemcat) estamos coordinando un proyecto de biomarcadores internacional.

¿En qué consiste?

Una serie de centros, sobre todo europeos pero de todo el planeta, nos hemos aliado para poder guardar muestras clínicas y biológicas de pacientes con esclerosis múltiple con el objetivo de poder identificar biomarcadores concretos para el diagnóstico, para el pronóstico y para poder dar la mejor respuesta de tratamiento.

¿Hay declive cognitivo asociado a la enfermedad?

Cerca del 30% de los pacientes padecen un trastorno cognitivo en forma de alteración de la velocidad de procesamiento del pensamiento, de la atención inmediata. Desde el Cemcat trabajamos ese trastorno, una de las funciones clave del centro es justamente la neuropsicología: valoramos el déficit e intentamos instaurar terapias cognitivas para paliarlo. Además en algunos casos, cerca del 3% de pacientes, llegan a padecer una demencia.

¿Tiene motivos para el optimismo respecto a la enfermedad?

Soy un optimista moderado. Estamos en un buen momento porque contamos con muchas farmacos que han demostrado su eficacia. Y hemos dado el primer paso hacia el tratamiento de la forma progresiva. Cada vez conocemos más los mecanismos de la enfermedad. En el momento en que seamos capaces de encontrar un fármaco que sea neuroprotector y regenerador, que aún no lo tenemos, seré mucho más optimista.
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