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domingo, 7 de septiembre de 2008

El optimista, en el fondo, es un realista

Las emociones negativas afectan al sistema inmunológico.

El optimista no es un "cantamañanas" sino un "realista". Así lo afirma el psicólogo, pedagogo y escritor Bernabé Tierno, quien advierte de que las emociones negativas "afectan a las defensas y al sistema inmunológico".

No es alguien que cree "que la vida es un jolgorio", sino un realista que no pierde ni un minuto en lamentarse y "concentra toda su energía en solucionar los problemas", aclara.

"Somos y nos convertimos en lo que pensamos y en lo que sentimos", asevera, de ahí que el sistema inmunológico se resienta ante los pensamientos y sentimientos negativos y que, "quien se instala en el negativismo, enferma".

El optimismo es una emoción positiva y determinante que aglutina la ilusión, las ganas de vivir y el júbilo, y que condiciona la vida del ser humano.

Es posible "reprogramar la mente" a través del análisis o la meditación para romper la rutina negativa a la que se acostumbran los circuitos neuronales y "conectarlos al positivismo", asegura Tierno.

En la vida hay dos clases de personas: tónicas y tóxicas. Las primeras se facilitan la vida a sí mismas y a los demás, mientras que el segundo estereotipo crea problemas.

Un optimista vital es aquél que ante problemas como padecer una grave enfermedad o quedarse en paro no se instala en la queja y en el lamento y busca soluciones.

Tierno recalca que el optimismo tiene "muy mala prensa" y que los medios de comunicación tienen predilección por la información sobre hechos negativos, lo que hace que parezca que la vida también lo es.

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