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jueves, 14 de abril de 2011

Grasa saturada y esclerosis múltiple


La incidencia de la esclerosis múltiple es superior en la población con elevada ingesta de grasa saturada de origen animal

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad compleja en su origen y desarrollo. Hoy en día, su etiología no está esclarecida. Afecta al sistema nervioso central y se caracteriza por la desmielinización o pérdida de mielina, la capa de lípidos que cubre los axones de las neuronas a modo de aislante y posibilita la transmisión del impulso nervioso entre distintas partes del cuerpo. Este proceso degenerativo puede causar diversos grados de discapacidad, por lo que desde el ámbito de la nutrición, las investigaciones y ensayos clínicos se centran en dilucidar la posible implicación de la alimentación, tanto en referencia al exceso como a la deficiencia. Se analizan distintos nutrientes (grasas saturadas, antioxidantes, vitamina D) por su implicación en el proceso inflamatorio y en la desmielinización de las células o en la respuesta autoinmune.
La Asociación Española de Esclerosis Múltiple (AEDEM) indica que en la actualidad no hay evidencia directa de que la nutrición sea un factor causante, si bien constata que la incidencia de EM es superior en la población con elevada ingesta de grasa saturada de origen animal. Esta institución también recomienda una dieta saludable e insiste en aumentar el consumo de ácidos grasos esenciales y de vitaminas antioxidantes, que podría concretarse en seguir una dieta mediterránea. No hay duda de que el mantenimiento del estado nutricional ayuda a maximizar la funcionalidad.

Las grasas en el punto de mira

En un artículo publicado por la AEDEM, la doctora María Isabel Rebollo destaca que diversos estudios epidemiológicos realizados en distintos países han coincidido en demostrar una correlación positiva entre la ingesta elevada de ácidos grasos saturados (AGS) de procedencia animal (manteca, embutidos, carnes grasas, mantequilla, nata, quesos, leche y lácteos no desnatados) y la enfermedad degenerativa. También se ha constatado una asociación negativa con el consumo de ácidos grasos poliinsaturados esenciales (omega-3 y omega-6) procedentes del pescado y de alimentos de origen vegetal (aceites y frutos secos). Los ácidos grasos poliinsaturados son componentes principales del sistema nervioso central, constituyentes de la vaina de mielina que cubre los axones de las neuronas. Según suscribe Rebollo, en los pacientes con EM se han detectado bajos niveles de AGPI en los eritrocitos, un hecho que sugiere un bajo nivel general de este tipo de grasa, aunque esto puede deberse tanto a la escasa ingesta de estos alimentos como al proceso de la enfermedad.

En un documento sobre el manejo nutricional de la esclerosis múltiple, la dietista clínica Nancy Caldis-Coutris, del Winnipeg Health Sciences Center de Canadá, clarifica que el exceso de AGS y de aceites vegetales hidrogenados puede alterar la estabilidad de la mielina, lo que se traduce en un aumento de la susceptibilidad a la desmielinización, una de las causas de la enfermedad. Según informa la dietista, los resultados de algunos estudios de casos y controles coinciden en que el consumo más bajo de grasas saturadas (entre 10 y 20 gramos por día) está relacionado con una cantidad significativamente menor de exacerbaciones, menos fatiga y mayores niveles de energía vital. Por el contrario, la ingesta de entre 20 y 40 gramos de grasa saturada por día se asoció, según muestran las investigaciones, con aumento de la discapacidad.

Respecto a la ingesta de otros tipos de grasas, las intervenciones en pacientes que sufren una forma aguda y remitente de la enfermedad han señalado el efecto significativo del tratamiento coadyuvante con ácidos grasos poliinsaturados en el retraso de la progresión de las lesiones, pero solo cuando hay un ligero grado inicial de discapacidad o no hay discapacidad. Cuando la enfermedad está cronificada, no se han observado mejorías. La AEDEM recomienda seguir una dieta equilibrada durante la fase de remisión-exacerbación y aumentar el consumo de ácidos grasos esenciales (pescados azules, aceite de oliva virgen extra, aceite de girasol y frutos secos) y de vitaminas antioxidantes (variedad de vegetales, además de los alimentos descritos).

Menos grasa saturada en la dieta

En una revisión reciente sobre este tema, la dietista Elena Agnello, del servicio de dietética y nutrición del Hospital clínico San Giovanni Battista en Turín, sugiere que la reducción sustancial en la dieta de los alimentos de origen animal y de los productos lácteos (fuentes dietéticas principales de grasa saturada) se traduciría en mejoras sustanciales en la enfermedad.

Por ello, conviene que todas las personas con esclerosis múltiple reduzcan las grasas saturadas de su dieta. Ésta es una medida dietética saludable, también aplicable al resto de la población, en aras de un mayor ajuste a los criterios de dieta equilibrada. Se recomienda:
  • Reducir el consumo de carne y optar por las magras, como el pollo, el pavo o el conejo, y eliminar la grasa visible que tengan (piel del pollo).
  • El pescado (blanco y azul, este último, rico en grasas insaturadas recomendadas) será el alimento de elección como fuente proteica y su consumo mínimo idóneo será de 3 a 4 veces por semana. La dieta admite huevos en una cantidad moderada, no más de tres raciones por semana.
  • La leche de vaca y demás lácteos (yogur, cuajada, quesos...) no son la única fuente de calcio de la dieta. Conviene reducir su consumo y escoger otros alimentos como sustitutos por su aporte nutritivo, como los frutos secos, las semillas de sésamo, las sardinas en lata o los boquerones. También se pueden emplear bebidas de cereales como leche de avena o de arroz.
  • El aceite de oliva (el de mejor calidad es el virgen extra) será el aceite de elección sin menosprecio del aceite de girasol, ambos ricos en ácidos grasos insaturados esenciales y vitamina E antioxidante.
  • Desgrasar los caldos de ave, carne y huesos en frío.
  • Prescindir de los embutidos, patés y foie-gras. El jamón serrano será el sustituto a los productos de charcutería.
  • Evitar natas, mantequilla, tocino, sebos, etc. Son alimentos superfluos y están cargados de grasa saturada.
  • Eliminar de la dieta todos los productos que se elaboran con aceite de coco y de palma y/o con grasas trans. Son ejemplos de este tipo cierta bollería, pastelería y repostería industrial envasada, snacks fritos, precocinados, etc.

CUIDAR LA DIETA, CLAVE

Estas recomendaciones dietéticas se completarán con otras generales relativas al resto de grupos de alimentos. Se aconseja consumir las cinco porciones de frutas y hortalizas diarias e incluir una ración diaria de vegetales de hoja verde oscura. Los cereales integrales serán la opción que se elegirá frente a los refinados.

Por otro lado, muchos pacientes, en su desesperación por aliviar sus síntomas o retrasar la progresión de su enfermedad, no siempre siguen las recomendaciones nutricionales. Como resultado de esta decisión incorrecta, pueden desarrollar deficiencias nutricionales o todo lo contrario, riesgo de toxicidad en caso de que tomen sin criterio altas dosis de vitaminas y minerales. Es por ello que se sugiere evitar megadosis de suplementos de vitaminas y minerales, salvo deficiencias demostradas.

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